Sin ánimo de priorizar unas partes sobre otras, me atrevo a decir que esta es una de las fundamentales. Aquí es donde se analiza cuál es la utilidad real de la herramienta, qué reflejo de los aprendizajes muestra, si estamos creciendo como profesionales y si estamos sabiendo adaptarnos a las nuevas demandas conforme a los resultados obtenidos.

Al alumno le supone conocer qué fallos ha cometido en su aprendizaje y qué medidas tiene que adoptar para corregirlos, a nosotros nos supone medir la efectividad de nuestra labor y corregir también aquellas desviaciones que se produzcan entre lo que nos hemos propuesto y lo que realmente estamos consiguiendo. De lo anterior deben salir propuestas que tengan un reflejo posterior en los resultados, solo así será efectiva la evaluación. Esto nos lleva de nuevo a.... sí, una Reflexión.

En esta fase de evaluación podremos utilizar por ejemplo rubricas como las vistas a lo largo del curso y otros sistemas como cuestinarios sobre nuestra labor docente por ejemplo.

 

 

 

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